miércoles, 26 de febrero de 2014

EL PERRO DE TERAPIA

Un perro de terapia es una herramienta muy flexible que puede aportar un gran número de respuestas para los problemas asociados con los trastornos de salud mental. Una persona que tiene trastorno de salud mental suele estar aislada y la interacción con otras personas se ve dificultada. Les cuesta desarrollar la imaginación y no demuestran tendencias a participar en juegos sociales. Un perro de terapia puede ser un estímulo para el paciente con baja autoestima, depresión u obsesiones, incrementando la distracción, la alegría y el juego, lo que disminuye el aislamiento. Los perros son ejemplares de la aceptación porque son seres que no juzgan, proporcionando libertad de acción al paciente que le permite obtener tranquilidad para avanzar en su tratamiento. Al estar en contacto con el perro, una persona con una enfermedad mental, cambia el enfoque exterior, es decir, en vez de concentrarse en sus problemas, incrementa la interacción verbal entre los miembros del grupo, aumenta la atención, fomenta la autoestima, reduce la ansiedad y/o el sentido de soledad.
 
Para desarrollar las áreas de las emociones, la creatividad y las habilidades sociales, es necesario trabajar con regularidad con el animal y la persona. Consisten en ejercicios sencillos para crear un hilo de conexión entre el perro y la persona, siendo tan solo un escalón hacia las relaciones con otros seres humanos.
Un perro debe reunir una serie de condiciones para poder ser incorporado a un programa de terapia asistida, como son:
Autoconfianza: el animal no puede ser temeroso, puesto que en ocasiones las personas con las que realiza la terapia podrán hacer ruidos o movimientos bruscos inesperados.
Motivación: al animal tiene que gustarle jugar y estar con las personas
Energía: el animal debe ser un perro activo con ganas de participar en juegos.
Atención: en animal tiene que ser capaz de concentrarse en las órdenes que se le pidan.
Estado físico: el animal debe tener un estado físico que le permita seguir el ritmo de las actividades de terapia.
Buen carácter: debe ser dócil y cariñoso, puesto que el componente emocional es muy importante en la terapia
Adiestrado en obediencia: el animal debe conocer las órdenes que se aplicarán en las actividades de terapia y responder perfectamente a ellas. Como por ejemplo: sienta, tumba, quieto, dar la pata, apoyar la cabeza, trae y suelta, tira y afloja, etc.
Adiestrado en Agility (dependiendo del tipo de terapia a realizar)
 Cualquier perro puede ser un perro de terapia, tanto adulto como cachorro, no importa la raza (aunque es cierto que determinadas razas tienen mejores condiciones para serlo) siempre que reúna los requisitos necesarios.  

Los perros que trabajan con personas con trastornos de salud mental tienen que ser animales tranquilos y con la suficiente madurez mental que le permita soportar ruidos, movimientos bruscos, gritos y contactos fuertes. Además tiene que ser paciente, capaz de esperar las respuestas verbales o físicas de algunas personas incapaces de reaccionar con agilidad o rapidez.

martes, 25 de febrero de 2014


ACTIVIDADES PARA PERSONAS CON ENFERMEDAD 

DE ALZHEIMER EN UN PROGRAMA DE TERAPIA 

ASISTIDA CON ANIMALES